Acto de entrega de las medallas conmemorativas del 150 Aniversario y de las placas de homenaje a los registradores jubilados

El lunes 28 de noviembre en el salón de actos de la sede de los Registros de la Propiedad de Madrid, en la calle Alcalá 540, tuvo lugar el tradicional acto anual de entrega de medallas y placas a los Registradores que alcanzan la edad de jubilación, que en esta ocasión fueron Eugenio Aguilar Amador, José María Alfín Massot, Eloísa Bermejo Zofio, Juan José Delgado Herrera, Antonio María Fernández del Barrio, David García Vitoria, Ángel Lacal Fluja, Carlos Marín Albornoz, José Periel García, Juan José Rivas Martínez, Sergio Saavedra Queimadelos, Enrique Sola Palerm, María Jesús Torres Cortel, Mariano Va Aguaviva y José Velloso Jiménez.  

En representación de todos ellos tomó la palabra Ángel Lacal, quien tras recordar a algún compañero fallecido o ausente por enfermedad, expresó su orgullo por pertenecer al Cuerpo de Registradores.

Pero en ésta ocasión el acto de homenaje a los Registradores jubilados, que se abrió con una breve intervención el Decano-Presidente Alfonso Candau, se convirtió en una auténtica y emotiva celebración de la memoria de todo el Cuerpo de Registradores. En el marco de la conmemoración del 150 Aniversario de la Ley Hipotecaria se entregaron las medallas conmemorativas a los miembros del Comité de Honor directamente vinculados con la Corporación Registral por ser Registradores o familiares de destacados Registradores ya fallecidos.

Recibieron la Medalla de Honor del Sesquicentenario Beatriz Corredor, Secretaria de Estado de Vivienda y Actuaciones Urbanas, que intervino en su nombre y en el de Antonio Pau , Javier Díe Lamana, Luis María Cabello de los Cobos, José Poveda, Fernando Méndez, Eugenio Rodriguez Cepeda y José Manuel García, que en sus distintas responsabilidades han sido destacados protagonistas de las últimas décadas de vida colegial.

Recordó en su intervención Beatriz Corredor los distintos jalones de la celebración del 150 Aniversario, como los “Diálogos en el Colegio” o su culminación en el Congreso Registral Iberoamericano de Cádiz los días 8 y 9 de Febrero del próximo año.

Asimismo recibió la Medalla de Honor del Sesquicentenario Pio Cabanillas Alonso, ex ministro Portavoz, e hijo de Pio Cabanillas Gallas, que fue ministro de distintas carteras y también director general de los Registros y del Notariado, y Decano del Colegio. En su intervención, Pio Cabanillas recordó algunas palabras pronunciadas el 8 de Febrero de este año por S. M. el Rey en éste mismo edificio, y recordó la intensa actividad colegial de los fallecidos Juan José Benayas, ministro de Agricultura en 1935 y Decano del Colegio muchos años mas tarde; Enrique de la Mata, ministro de Relaciones Sindicales durante la transición, y de los fallecidos decanos Narciso de Fuentes y Carlos Hernández Crespo. Sus palabras fueron escuchadas con emoción por todos los presentes y en especial por Alicia Benayas, hija mayor de Juan José Benayas, María Baena, esposa de Enrique de la Mata y María del Pilar Bardají y Soledad Urbano, viudas Narciso de Fuentes y Carlos Hernández Crespo respectivamente, que acudieron acompañadas por otros miembros de su familia.

Clausuró el acto María Ángeles Alcalá, directora general de los Registros y del Notariado, quien manifestó su especial solidaridad con los directores generales homenajeados que la antecedieron en el cargo, de los que dijo sentirse cercana y relató cómo en las dificultades de su trabajo diario había tenido un recuerdo muy intenso por aquéllos que en el pasado se enfrentaron a los problemas que ella debía resolver en su día a día.

 

Discurso de D. Pío Cabanillas;


Querido Decano, Sras. Y Sres.,

Mi agradecimiento, en primer lugar, al Colegio por el honor que implica la oportunidad de dirigirme a todos Ustedes y,  por supuesto, por elegirme para representar a los familiares integrantes del Comité del 150 Aniversario de la Ley Hipotecaria, dentro de cuyos actos conmemorativos se enmarca la celebración que hoy nos ocupa.

No puede extrañarles que les diga que hoy ni es una celebración cualquiera, ni la imposición de una medalla conmemorativa cualquiera. No ya para mí, sino también para María Baena o Lourdes de la Mata, para María Pilar Bardají, para Soledad Urbano, para Alicia Benayas, o para mi madre.  

Todos hemos tenido la enorme fortuna de poder admirar de cerca, y aprender del esfuerzo de una serie de personalidades del mundo de los Registros, del mundo del Derecho en general, que junto al inmenso cariño y función de guía que nos han profesado en el marco de nuestras familias, han personificado, y nos han hecho comprender en toda su trascendencia, el alcance y significado pleno de los viejos principios jurídicos de una vida honesta, de cómo evitar el daño al prójimo y de dar a cada uno lo suyo. Y, en este contexto, permítanme añadir unas palabras en las que mi padre nunca dejó de insistir durante su magisterio: "el derecho, – y por tanto el registro, añado yo-, es sentido común y servicio al prójimo". Y eso es la Ley de 1861 a la que todos ellos sirvieron, la que estableció que en cada partido judicial habría un registro y a su frente un registrador como servidor público. Lo que hoy siguen siendo la mayoría de Ustedes.

De esta forma, Carlos Hernández Crespo, Decano del Colegio en los años ochenta, trabajó por la personalización de la función registral y entendió que su fin no era otro que satisfacer el interés de todos y acercarse a la sociedad de su tiempo. Así instauró oficialmente la obligación del registrador de atender directamente al público, o inició la modernización de los Registros con un novedoso plan de informatización. Y qué decir de la labor social de Enrique de la Mata desde la Comisión central de Saneamiento, desde sus responsabilidades en Sanidad, Seguridad Social o desde la Presidencia de !a Cruz Roja, por no mencionar sus cargos de gobierno. Narciso de Fuentes, decano-presidente del Colegio que precedió a Carlos Hernández Crespo, tampoco les iba a la zaga en esta labor de racionalización de los entornos en los que desarrollamos nuestras actividades. Sus estudios de urbanismo han sido lectura y referencia obligatoria en ¡a materia, desde que a primeros de los años sesenta publicara "Registro de la Propiedad y Urbanismo", y expusiera sus innovadores planteamientos en distintas ponencias. Por último, y sin el más mínimo ánimo de establecer orden de preferencia alguno, destacar la intensa labor de Juan José Benayas, Ministro de Agricultura, ya con la República, y también decano del Colegio en los años sesenta. 

¿Y qué quieren que les diga de mi padre? Soy bastante partidario… pero, manteniéndome fiel a la evocación de principios jurídicos, les diré que actuó siempre con la diligencia de un buen padre de familia, como sin duda hicieron los otros homenajeados hoy.

Amaba el derecho como instrumento fundamental para dar vida a los ideales comunes y encarnarlos en el mundo de su tiempo de forma eficaz, sencilla, previsible y sin contradicciones. ¿No es eso a lo que llamamos seguridad jurídica? Trataba, y se tratará siempre, de generar confianza, de primar la buena fe, o facilitar el equilibrio entre intereses aparentemente contrapuestos. El compromiso como virtud. No es extraño por tanto que fuera Registrador y Notario y que se sintiera orgulloso de serlo. Porque estas profesiones implican unos valores clave, trasladables y de obligado reflejo para la sociedad en su conjunto. Porque son profesiones de ordenación y servicio ejercidas por expertos, anónimos para la gran mayoría de los ciudadanos, pero a quienes estos deben buena parte del alto grado de vertebración pública que hemos alcanzado.

También aprendí de mi padre que todo esto, como tantas otras cosas de la vida, no es posible sin estabilidad. En este caso, sin un marco normativo estable. Y es curioso referirse a este principio cuando celebramos una Ley derogada que sin embargo se mantiene terca y resplandecientemente viva. Hay ocasiones o momentos históricos donde parece como si la función primordial de! legislador fuera derogar leyes, reformarlas, articularlas o refundirlas. Con razón Antonio Pau traza una semblanza de este afán depredador con el callejero madrileño donde las calles cambian de nombre en cada cruce frente a otras ciudades donde sus titulares conservan el honor durante kilómetros. En una intervención parlamentaria pero, en general, siempre que una buena ley, y esta lo es, que perduraba en el tiempo con naturalidad y elegancia, recibía un ataque reformador dijo mi padre al ponente: "Déjela en paz. Antes de reformarla, léasela otra vez. No se juega al fútbol en el salón de las porcelanas".

Pues eso, sentido común, serenidad en los cambios, y buena letra en su aplicación como hacen Ustedes siempre.

Y, por último, hablaba mi padre de adecuarse a los tiempos, y a ser posible ir un paso por delante sin echar a perder los logros, como síntoma de la buena salud de una institución.

Decía Su Majestad en el Acto de Conmemoración del 150 Aniversario de la Ley:

" … el éxito pasado presente y futuro dependen de la sabia combinación de tradición y modernidad; de la capacidad de adaptación a los cambios sociales, económicos y tecnológicos, sin menoscabo de los principios de seguridad jurídica, desarrollo económico e igualdad social".

Si D. Santiago Fernández Negrete, Ministro de Gracia y Justicia de Isabel II calificó la Ley Hipotecaría de "obra cumbre de la literatura jurídica", y de 'luminosa disertación…" alegrémonos de ello, no la condenemos a un estante de biblioteca, y hagámosla pervivir en la práctica. El actual Decano señala un camino: "La puesta al día constante en medios, con unos registros dotados de los últimos avances técnicos con acceso telemático a los datos y capaces de atender las demandas del público con la rapidez que requiere el mundo global en que vivimos." Y enmarcado todo ello, como siempre, por la seguridad jurídica, la profesionalidad, la elección por mérito y capacidad, la unidad de mercado, el fomento del crédito y la prevención de litigios.

Sólo añadiría, Alfonso, algo que ya recogéis con gran cobertura en vuestra última revista y que me consta que se ha convertido en componente fundamental de vuestra labor: la defensa del principio de sostenibilidad en su triple vertiente económica, social y no sólo medioambiental. La modernidad no es sinónimo únicamente de innovaciones tecnológicas. Se trata sobre todo de trabajar para que las generaciones futuras tengan como mínimo las mismas oportunidades, o más, que nosotros en lo que se refiere a medios y recursos, naturales o no, en lo que se refiere a avances sociales, o para la defensa del patrimonio común.

La función de servicio público que preside vuestro quehacer diario no tendría sentido sin abrazar este nuevo enfoque. Ingeniería, biología, topografía, sociología humana, todo encuentra cabida en vuestra vocación y da un ilusionante impulso al Registro.

Es de esta forma que seguiremos las enseñanzas y el espíritu de Carlos, Enrique, Narciso, o Juan José, y este Colegio compartirá con ellos, generación tras generación, el orgullo de ser Registrador. Y, en cuanto a mi padre, sólo se trata de preservar el viejo bosque de carbalfos de nuestra casa gallega donde él paseaba. Del resto, me ocupo yo.

Muchas gracias.

 

 

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